Este escrito puede ser de utilidad para quienes, en las instituciones de educación superior, se ven exigidos a instrumentar nuevos planes de estudios fundados en el desarrollo de competencias y en las nociones de aprendizaje significativo y situado, pues ponemos a su disposición de forma constitutivamente interrelacionadas las nociones antes señaladas, mismas que creemos son fundamentales para encarar hoy día con éxito la tarea educativa universitaria en su conjunto.
La noción de competencia, además, la encontramos frecuentemente articulada a otros dos constructos educativos fundamentales las situaciones de aprendizaje y el aprendizaje significativo.
“Gonczi definió a la competencia como una serie de atributos (conocimientos, valores, habilidades y actitudes) que se utilizan en diversas combinaciones para llevar a cabo tareas ocupacionales”.[1]
Diferencia fundamental entre ser competente y ser competidor.
Ser competente, refiere a unas capacidades que aún siendo operativas, se encuentran articuladas sustantivamente con distintas formas del saber; ser competidor en cambio, refiere a un rol concreto dentro de unas relaciones sociales de ganar-perder.
Las competencias no se adquieren, ni se construyen de pronto y de la nada, sino que se desarrollan a partir de organizaciones de esquemas de acción anteriores, de la misma manera que los nuevos conocimientos no se construyen, sino a partir de unos conocimientos anteriores
La idea de las competencias es la participación colaborativa y humana a fin de fomentar un cierto espíritu comunitario.
“Aprendizaje, desde este punto de vista, se considera un proceso de descubrimiento de significados personales sobre la realidad que se percibe, tal como es percibida por la persona".[2]
Es decir, se incorporan a nuestras ideas y acciones nuevos contenidos.
"El aprendizaje significativo –postula González- es la piedra angular de la educación centrada en la persona. Este aprendizaje consiste en asimilar uno mismo lo aprendido, hacerlo propio tal como se hace con el alimento que se ingiere, se digiere y se asimila".[3]
Se aprende significativamente sólo aquello que se percibe como necesario para la sobrevivencia o el desarrollo del sí mismo.
Se considera que un aprendizaje puede ser más significativo que otro en función del grado de vinculación que guarde éste con la sobrevivencia o el desarrollo del sí-mismo, pero no compartimos la idea de que pueda haber aprendizajes que no sean significativos
Todo aprehendizaje con “h” ha implicado necesariamente una apropiación de la realidad construida durante el momento de la adaptación, donde tal construcción es asimilada al mismo tiempo que el sujeto se acomoda a ella, re-organizando así la propia estructura cognoscitiva de los esquemas de entendimiento de la realidad que no es otra cosa que el sí-mismo del sujeto
Situar el aprendizaje, implica favorecer el descubrimiento, por parte del alumno, de su verdadero interés por aprender algo, pues sin este reconocimiento, tanto el alumno como el maestro se pueden estar equivocando tanto en el fin como en el modo de aproximarse a la construcción del conocimiento en tanto tarea educativa.
La importancia que a la par del aprender a conocer y hacer, tienen el aprender a convivir y a ser. "La educación a lo largo de la vida –afirma él- se basa en cuatro pilares: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos, aprender a ser".[4]
No basta con tener conocimientos y aplicarlos se busca complementarlos y transmitirlos, el trabajo colaborativo se vuelve fundamental para esta acción.
Aún dejando en el centro de la praxis educativa universitaria la acción, debemos considerar que el discurso verbal tiene su propia fuerza y valores cognitivos, y no debe ser por tanto relegado a un segundo plano como algo indeseable.
La construcción del conocimiento, aún en sus aspectos más insignificantes, implica una construcción de la realidad, y en este sentido, del mundo y del modo de estar en él. La cuestión de desarrollar competencias, no es una cuestión sólo de desarrollar ciertas capacidades para atender determinados objetos socio-profesionales, sino que al hacerlo, se está, al mismo tiempo, optando por la construcción de la persona del maestro, del alumno y, en cierta forma, del mundo.
Ivonn Contreras E.
[1] Gonczi, A. citado en Diseño, implementación y evaluación de programas por competencias profesionales integradas, de González Gutiérrez, Mercedes; Espinosa Hernández, Jesús; López, López, José Luis y otros (2002), UG, México, p. 23
[2] Moreno López, Salvador (1997), "La experiencia interna del maestro: un aspecto descuidado en la formación de profesores universitarios" en Desarrollo del potencial humano V.4., Lafarga Corona, Juan & Gómez del Campo, José, Trillas, México, p. 107
[3] González Garza, Ana María (1998), El enfoque centrado en la persona, Trillas, México, p. 71
[4] .Delors, Jacques (2001), La educación encierra un tesoro, UNESCO, México, p. 102
